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La casa nueva



 Lo que se hace conciencia, no se volvera destino. Carl Jung

Si seguimos el hilo de la historia, nos quedamos, en que nos quedamos sin nada.
Así de simple.
Así de terrible.
Pero debo decir que frente a tal situación, Dios y mi padre me dieron una mano.
A veces me pregunto qué hubiese pasado sin su ayuda, tal vez hubiera sido mejor.
Pero su ayuda también les solucionaba un problema importante.
Ellos no tenían casa propia, vivíamos en la calle Cobo 1611, la esquina era el negocio de mis padres.
Ocupábamos el departamento del encargado, mi madre hacia la limpieza, tres pisos por escalera, propiedad de un italiano devenido en arquitecto, Don Arduino.
En esa casa vivíamos, con mis dos hermanos, hasta que me case.
Aquí entra en escena doña María Angélica de León.
Mi abuela paterna, que murió muy joven, dejando dos niños, que mas tarde heredaron a sus abuelos.
En palabras de a centavos, don Vicente Troccoli, que asi se llamaba, había cobrado un dinero legado de su madre y abuelos.
Llevo su nombre, por un cambio de último momento.
Mi nombre era Marta Beatriz, pero un familiar sugirió el cambio para alegrar a Don Antonio, el hombre que mas me quiso en la vida, con esos ojos celestes limpios y transparentes, atravesados por un profundo dolor.
Pero esa es otra historia, que contare a su tiempo.
Mi padre ofreció darme ese dinero, porque en el banco hipotecario, en esa época, te daban el triple de lo que depositabas, si lo dejabas tres meses.
Es decir si ponías 100, a los tres meses te acordaban un crédito por 300.-
Me ofreció ponerlo a mi nombre, porque según el nosotros trabajábamos, y nos sería más fácil comprobar ingresos
A esta altura, ya estaba embarazada de los mellizos, ahora ellos también percibían en la panza las angustias y sufrimientos de sus padres.
Pobres mis bebés, han tenido que pasar experiencias muy dolorosas, aun antes de salir al mundo.
Y así lo hicimos, por lo que se, mi madre no estaba tan de acuerdo, no tengo idea si lo conversaron con mis hermanos, pero aseguraría que no.
Si comprábamos una casa, mis padres se aseguraban un lugar donde vivir, y nosotros tendríamos el nuestro.
Como se ve, otra vez los hermanos quedan prisioneros de la historia solo que esta vez, serán los míos.
Debo decir que hasta ayer, el tema de discusión era uno, pero luego de una sesión de terapia, se cayó el velo y todo cambio.
Un agradecimiento especial a Estela, mi terapeuta que me ayudo a ver.
Un 21 de enero del año 1981, recibí una carta del banco Hipotecario, informándome que tenía el crédito otorgado, la primavera volvía a hacer florecer m vida.
Pero no era tan fácil.
Mi padre, sugirió comprar cerca de la casa de mi tía Roció, que vivía en Lanús con su familia.
Por lo menos tendría alguien cerca para ayudarme con los críos.
Tenía en aquel entonces 25 años no cumplidos.
La vida me había arrasado, con mi consentimiento claro.
Y comenzó la búsqueda, que fue difícil, por ese dinero no podíamos comprar nada.
Con mi súper panza, iba recorriendo casas, pero la verdad  el dinero era poco, y la desilusión me iba ganando.
Tenía 45 días para encontrarla, y nada parecía estar a nuestro alcance.
Hasta que un día, el dueño de la inmobiliaria, me dice que quería mostrarme una casa, en una calle peatonal.
Esa peatonal que cobijo mi historia, lugar de juegos de los niños de la calle, donde mis hijos jugaron a la ronda, corrieron carreras en bici y disfrutaron su infancia.
Como verán, compramos la casa, una casa grande, amplia que podía albergar mucha gente.
Pero el dinero no alcanzaba, solo teníamos el 80%, tuvimos que vender el coche, un Renault 12 blanco de 5 años de antigüedad.
Además de pedir dinero prestado, a una prestamista amiga de mi tío.
Mis padres pusieron el 20%, nosotros otro 20% y el banco el 60% en un crédito a 20 años.
Recuerdo una ocasión en la que quise pactar con mi padre la devolución del dinero que habían puesto, me contesto: A mí no me hagas cuentas!
Ahora lo entiendo, cada uno de nosotros compro algo diferente, yo mi casa, el su casa…pobre…papa donde estés te pido perdón porque no lo entendí.
La vida tampoco nos dio ese tiempo, porque mi padre murió a los pocos años.
Otro dolor imposible de describir, otra herida mortal.
Y mi madre, que seguía sus directivas a rajatabla, pobre mama, era su  casa y no lo supe ver.
También a ella le pido perdón, con sus errores y defectos, sus aciertos fue mi  compañera.
Hasta la muerte mama, hasta la muerte.
Mil perdones.
Y a mis hermanos, Pablo y Silvana a los que sin saberlo ni entenderlo, les estaba haciendo lo mismo que Beatriz, (todos saben su nombre  verdadero porque se presento sola, y todavía estoy esperando que me desmienta) le hizo a su hermano y a mí.
Perdón a mis hermanos, ellos son tan hijos como yo y tienen los mismos derechos lo declaro públicamente.
Bien, nos quedamos en que ya tenía casa, nos mudamos el 6 de diciembre, Mariela ya caminaba, podía corretear por el patio de material.
Mi marido, mi pequeña bebe, mi perra chilindrina y yo, nos instalamos en la casa.
A los pocos años, (dos para ser exactos) mis padres y mi hermanos vinieron a la que era la casa familiar.
La deuda con el Banco? Nunca se pago, Alfonsín aplico el desagio a la 1050 y la deuda quedo licuada, en nada.
De toda esta operatoria, si hay pruebas.
Mi casa no es mía y de mi ex, mi casa es de mis padres a la mitad y la otra mitad nuestra.
Quiero reconocerlo públicamente, no me importa lo que nadie diga.
Mi madre vivió en ella hasta el final de sus días, era su casa, y como dije antes, nunca se lo reconocí.
Por qué hago esto ahora?
Porque quiero reparar, para que otros no repitan la historia.
Porque estoy cansada de escuchar frases horrorosas…de quien vivió, de cómo, y cuando.
Porque les devuelvo sus derechos y se los reconozco a mis hermanos.
Se los debía, me lo debía.
Porque es la única manera de tener el reconocimiento por lo que pague y nunca me devolvieron.
Porque no soy inocente y cometí errores, algunos graves.
Porque me quiero ir limpita como llegue.
No me llevare nada, ni me importa, pero quiero sanarme antes.
Por mis ancestros, por sus esfuerzos, y por los que vendrán.
Porque gracias a mi padre mis hijos y yo tuvimos donde vivir y sigo teniendolo.
Ya no puedo seguir.
Ahora les pido perdón a los que leen, pero las lagrimas me atenazan el alma.
Pero esta historia…continuará.



















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